Las Palmas de Gran Canaria viernes, 10 de septiembre de 2010 | Mapa web | Contactar
Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria
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    Vegetación Parque Doramas    Las Palmas de Gran Canaria se caracteriza por presentar un clima costero suave, calor moderado en verano y ausencia de una verdadera estación fría. El mes más frío suele ser febrero, con una media de temperatura máximas de 18ºC y una amplitud térmica de ± 6ºC. El mes más caluroso es el de septiembre, en el que la media de la temperatura máxima alcanza los 27ºC. La pluviometría es escasa. Aunque las precipitaciones de lluvias apenas llegan a los 175 mm, repartidas principalmente entre noviembre y abril, el cielo suele estar cubierto de nubes gran parte del año. La altitud del municipio de Las Palmas de Gran Canaria es variable, desde los 0 metros a nivel de costa hasta los 725 metros del Lomo del Cortijo, en La Milagrosa. 

          A grandes rasgos, el clima benigno de Las Palmas de Canaria corresponde con el de las Islas Canarias, subtropical con influencia oceánica, y es el resultado de la relación entre diferentes factores: la atmósfera, la situación geográfica y las condiciones locales del relieve (altitud y orientación), que originan una gran diversidad de ambientes climáticos.

    Ortofoto Canarias-costa africana    La situación geográfica de nuestro archipiélago, en el Atlántico medio, próxima a la costa africana, hace que se encuentre en una zona de transición entre dos dominios de la dinámica atmosférica: el de la circulación en altura de masas de aire templadas procedentes del Oeste y el de la zona subtropical procedente del Este. Además, la influencia en superficie de los vientos “alisios” del Nordeste, que tienen origen en el anticiclón de las Azores y que predominan casi todo el año, y la existencia de una corriente oceánica fría que atraviesa el archipiélago de norte a sur, generan una gran estabilidad atmosférica a nivel de la troposfera, la capa más baja de la atmósfera donde se originan los fenómenos meteorológicos.

          El régimen de los alisios, conocido a nivel mundial por jugar un importante papel en el descubrimiento del Nuevo Mundo, da origen a una inversión térmica de subsidencia, al superponerse entre la capa inferior fresca y húmeda y la superior más cálida y seca una franja (entre los 800 y 1500 metros de altura) donde existe un gradiente ascendente de la temperatura. Esta circunstancia impide el desarrollo vertical de las nubes, resultando una nubosidad baja estratiforme con predominio de estratocúmulos (nubes bajas, pesadas, grises o blanquecinas, que se disponen en fila y dejan ver el cielo entre ellas y que raramente dejan precipitaciones). El resultado de este fenómeno climático, que tiene una incidencia notable durante el verano, es la aparición en la vertiente norte de las islas de mayor altura de un mar de nubes, la “panza de burro”, que tiene un efecto invernadero local y reduce considerablemente el número de horas de sol. En general, este efecto invernadero suaviza las temperaturas diarias al actuar a modo de filtro evitando las radiaciones diurnas y la irradiaciones nocturnas. 

        Aunque las condiciones atmosféricas predominante son debidas a la estabilidad del régimen de los vientos alisios, el carácter basculante del anticiclón de las Azores (en invierno desciende hasta las Madeiras y en verano se desplaza al Norte, frente a las costas gallegas) permite la entrada de masas de aire de componente Noroeste y SE durante algunos días al año (desde noviembre hastaCalima sobre Canarias la mitad de la primavera). Son las borrascas atlánticas, que aportan las principales precipitaciones en las islas, y el tiempo sahariano, cálido y seco, que en ocasiones arrastra grandes masas de partículas (polvo en suspensión) desde el interior del continente africano.

        La entrada de estas últimas masas de aire de componente SE permite en algunas ocasiones la llegada masiva a las islas de insectos ortopteros (langostas), que por su carácter gregario y la necesidad de buscar alimentos se desplazan en masa a largas distancias aprovechando los vientos dominantes y las brisas marinas. Caso significativo a destacar es la plaga reciente que afectó a las islas de Fuerteventura y Lanzarote a finales del mes de noviembre de 2004, y que no ocasionó graves daños ecológicos y a la agricultura, por tratarse de individuos adultos, en su fase final del ciclo de vida, y sin capacidad de reproducción.

     
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